En cierta ocasión, un estudiante de yoga se aproximó a su maestro y le preguntó dónde se hallaba lo eterno, lo supremo, lo infinito. El maestro no le respondió, por lo que el discípulo continuó preguntándole una y otra vez, sin que aquél despegase los labios. Guardó perfecto silencio. Al fin, le dijo el maestro:

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